jueves, 25 de junio de 2009

Vals con Bashir: sueño, memoria, tragedia

La "humanización" del soldado israelí o la naturaleza criminal de la guerra del Libano

Entrevista con Ari Folman

Vals con Bashir plantea una incursión a través de los pliegues de la memoria del propio cineasta. Freud, el mejor cartógrafo del psicoanálisis, siempre lamentó la frustrante sensación de no poder aprehender sus complejos mecanismos. ¿Por qué se borran algunos recuerdos? ¿Por qué la memoria es permeable a reinventar el pasado con interferencias del presente, como si el pasado no fuera sino un relato en construcción desde el aquí y el ahora?

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Un sueño en el presente, en realidad una pesadilla que proviene del pasado, pone en marcha este vals de muerte y olvido. Ese es el pretexto del que se sirve Ari Folman para arrojar luz sobre el agujero negro de su memoria. A partir de ese punto, Vals con Bashir se precipita hacia un vacío rasgado por los ladridos de 26 perros encorajinados que amenazan desde el miedo y la rabia. Considerados por la mitología como guardianes de las tinieblas, sus ladridos despiertan la conciencia dormida del cineasta. Lo que luego se convoca es una denuncia inapelable: reconocer que seguimos viviendo en el tiempo del Holocausto.

Vals con Bashir plantea una incursión a través de los pliegues de la memoria del propio cineasta. Freud, el mejor cartógrafo del psicoanálisis, siempre lamentó la frustrante sensación de no poder aprehender sus complejos mecanismos. ¿Por qué se borran algunos recuerdos? ¿Por qué la memoria es permeable a reinventar el pasado con interferencias del presente, como si el pasado no fuera sino un relato en construcción desde el aquí y el ahora?

Ari Folman salda cuentas consigo mismo. Folman participó activamente en la guerra del Líbano a principios de los 80, supo de la matanza de miles de refugiados palestinos en Sabra y Chatila y ahora, cinco lustros más tarde, lo rememora en un proceso redentor y terapéutico. Un proceso que adopta un ropaje cinematográfico insólito. ¿Es posible crear un documental con dibujos animados?

Para Folman lo es. Es más, ese proceso por el que la crónica se hace dibujo, le faculta al realizador para rescatar la verdad de tanta imagen periodística contaminante y contaminada. Esa posibilidad inherente en la animación de poder ensamblar planos subjetivos con imágenes fotográficas, lo fantástico con lo sufrido, propician un vehículo eficaz. Así, Folman aplica en su obra algo que los maestros japoneses usan desde hace años, la llave precisa para penetrar en el territorio del subconsciente. Bajo ese hipnótico ritmo propio del anime, Folman aleja su relato de esas imágenes convergentes y deudoras con el imaginario bélico mostrado por el Kubrick de La chaqueta metálica o el Coppola de Apocalypse now.

Folman sabe que el horror y la muerte producen siempre imágenes abrumadoramente monótonas, así que en Vals con Bashir el cineasta reinventa ese escenario a través de la línea. Como un surrealista del siglo XXI, Folman aspira a rozar lo real en su grado superior: fundir aquello que los ojos ven con lo que las emociones rezuman. De ese modo, su filme impacta en el espectador desprevenido. Cuando ya nadie cree en las imágenes fotográficas, estos dibujos devienen en escritura iconográfica.

Y con ello, ese vals que un soldado israelí baila en medio de una emboscada con la cara de Bashir Gemayel multiplicada en las calles ametralladas, adquiere los negros presagios del ritual de una danza macabra. Es cierto que en este Vals, son los cristianos falangistas los autores de la masacre ante la mirada impávida del poder israelí, pero no lo es menos que la denuncia de Folman se hace incontestable e intemporal. De ahí que en sus planos finales, en la decisión más discutible y paradójica, Folman eche mano de la huella real para, con ella, hacer que las víctimas se tornen en inquietantemente próximas. Se pasa de los personajes con nombre propio representados por el dibujo, a la presentación de los rostros desconocidos de unas víctimas fotografiadas que bien podrían intercambiarse con quienes ahora lloran en Gaza y Bagdad. Lágrimas anónimas zarandeadas por ese vals maldito y letal que nadie detiene, que nunca cesa.

::Fuente: Noticias de Alava





Dirección y guión: Ari Folman.
Música: Max Richter.
Montaje: Nili Feller.
Intérpretes : Yael Nahlieli, Serge Lalou, Gerhard Meixner y Roman Paul.
Nacionalidad: Israel, Francia y Alemania.
2008.
Duración: 90 minutos.

Entrevista con Ari Folman: "La guerra es terriblemente inútil"

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"Vals con Bashir", basada en las vivencias de soldados israelís durante la guerra del Líbano, hace más de 20 años, ha sido desde su estreno en el Festival de Cannes el año pasado un título recurrente en festivales y premios. Ganó el Globo de Oro a mejor film extranjero y ahora es candidato al Oscar, con categoría de máximo favorito. Aparte de su contenido antibelicista, el desafío formal de rodar "un documental animado" ha sido una nota de originalidad muy valorada. Su autor, el guionista y director israelí Ari Folman, vivió muchas de las experiencias que se narran en la película, coproducida por Alemania y Francia, que llegará este viernes a los cines españoles, y en abril a Argentina y Brasil.

- ¿La película se basa en su experiencia?
Es mi historia personal. La película empieza el día que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria. Los cuatro años que trabajé en "Vals con Bashir" me provocaron un violento trastorno psicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado y, sin embargo, durante esos cuatro años, nacieron mis tres hijos. Puede que lo haya hecho para mis hijos. Para que, cuando crezcan y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra.

- ¿Realizar "Vals con Bashir" fue como una terapia?
La búsqueda de recuerdos traumáticos enterrados en la memoria es una forma de terapia. La terapia duró lo que la producción de la película, cuatro años. Durante este tiempo, pasaba de la depresión más absoluta, fruto de los recuerdos que me volvían a la memoria, a la euforia más desbordante por hacer una película de animación innovadora, que iba mucho más rápido de lo que había esperado. Si fuera un loco de la psicoterapia, diría que realizar la película me ha transformado profundamente.

- ¿Todos los personajes entrevistados en la película son reales?
Siete de nueve. Por razones personales, Boaz (el amigo que soñaba con los perros) y Carmi (el amigo que vive en Holanda) no han querido que aparezcan sus nombres verdaderos. Pero sus testimonios son reales.

- ¿Conoce a más gente que haya pasado por la misma experiencia?
Claro, no soy el único. Creo que miles de ex soldados israelíes han enterrado sus recuerdos en lo más profundo de su memoria. Algunos podrán vivir así siempre. Pero existe el peligro de que explote en cualquier momento, y en ese caso los daños son imprevisibles. Lo llaman estrés postraumático.

- ¿Cuál fue su primera intención, realizar un documental o una película de animación?
Siempre lo imaginé como un documental de animación. Ya había realizado varios documentales, y me entusiasmó lanzarme a este proyecto. Mi primera experiencia con la animación fue con una serie documental, “The Material Love is Made of”. Cada episodio empezaba con tres minutos de animación durante los que unos científicos evocaban la “Ciencia del amor”. Era animación Flash básica, pero funcionó tan bien que siempre pensé en llevar el mismo proceso a un largometraje.

- ¿Puede decirse que el proyecto se concibió como un documental de animación?
Sí, "Vals con Bashir" siempre fue un documental de animación. Hacía varios años que había tenido la idea, pero rodarlo en imágenes “reales” no me convencía. ¿Qué habría sacado? Un hombre de cuarenta años entrevistado sobre fondo negro, contando historias de hace 25 años, sin una sola imagen de archivo para ilustrar sus palabras. Habría sido un aburrimiento. Por eso la animación me pareció la única solución, porque concede una gran libertad imaginativa. La guerra es muy irreal, la memoria es muy ladina, más valía hacer semejante viaje con la ayuda de buenos grafistas.

- ¿Cómo crearon la animación de la película?
Primero rodé "Vals con Bashir" en vídeo en un estudio y se montó como un largo de 90 minutos. A partir de ahí, realizamos un storyboard que desarrollamos con 2.300 dibujos y que animamos posteriormente. El director de animación, Yoni Goodman, creó el estilo de animación en nuestro estudio, el Bridgit Folman Film Gang. Es una mezcla de animación Flash, de animación clásica y animación 3D. Es importante dejar claro que no se usa el rotoscopio, en el que se vuelve a pintar la imagen de vídeo. Cada dibujo se creó desde cero gracias al magnífico talento del director artístico David Polonsky y de sus tres asistentes.

- ¿Qué siente hoy acerca de la matanza de Sabra y Chatila?
Lo mismo que antes. Es lo peor que puede pasarle a un ser humano. Estoy seguro de que los falangistas cristianos fueron los responsables de la masacre. Los militares israelíes no dieron ninguna orden. Pero el gobierno israelí sabe hasta dónde alcanza su responsabilidad; estaba al corriente de esta masacre premeditada.

- ¿Y la guerra?
He rodado "Vals con Bashir" desde el punto de vista de un soldado cualquiera, y solo puede concluirse que la guerra es terriblemente inútil. No tiene nada que ver con las películas estadounidenses. No tiene nada de glamouroso ni de glorioso. No son más que hombres muy jóvenes, que no van a ninguna parte y que disparan contra desconocidos, les disparan desconocidos, y que vuelven a su casa intentando olvidarlo todo. Algunas veces lo consiguen. Pero no ocurre en la mayoría de los casos.

- ¿Cree que sus compatrioras piensan igual que usted respecto a la guerra?
No es ninguna noticia para los israelíes decirles que la invasión de Beirut oeste en 1982 era inútil y no servía de nada. Es una enorme mancha negra en nuestra historia. Incluso estoy dispuesto a apostar que Ariel Sharon, actualmente en coma, habría dado lo que fuera para reescribir la historia e impedir esta expedición sin sentido que tanto defendió. Por ese lado, no creo que nadie diga: “¿Cómo se atreve a decir que no debimos estar?”. Puede que el modo en que se presenta el ejército moleste más al público israelí. La película carece de momentos gloriosos. Todas las personas entrevistadas son más bien antihéroes, excepto uno, el periodista Ron Ben-Yishai, pero no es un soldado.

© Golem-abc guionistas

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