sábado, 4 de julio de 2009

Crítica de cine: «Ice Age 3: El origen de los dinosaurios»




La tercera entrega de la franquicia «Ice Age» sigue apostando por los personajes de comicidad visual, en vista de la popularidad alcanzada por la ardilla Scrat y su pelea con las bellotas. Un tipo de acción embromada que cobra mayor espectacularidad gracias a la proyección en 3-D.

Mikel Insausti
Gara, Donostia


Hace poco, un ejecutivo de Disney se quejaba a los animadores de Pixar de que habían creado pocos personajes para «Up», la última maravilla del estudio ante la que se han rendido crítica y público. La protesta del patán con poder dentro de la multinacional se refería a que el merchandising de un largometraje de animación incluye la posterior venta de juguetes inspirados en la película y cuantos más sean, mejor para el negocio. No le entraba en la cabeza que «Up» responde a un concepto artístico de constante superación imaginativa, y que no debería encontrarse con barreras de ese tipo.

A tal mentalidad cuantificadora responde en mayor medida la franquicia «Ice Age», que está llena de numerosos bichitos difíciles de memorizar con sus respectivos nombres para todos los que ya no somos niños y nos traen sin cuidado las bajas y altas de cada nueva entrega. Pero por respeto al público, infantil o adulto, que sí tiene en cuenta tales cuestiones habrá que decir que sus seguidores vuelven a contar con la presencia estelar de la ardilla Scrat, el perezoso Sid, el tigre Dientes de Sable y los mamuts Manny y Ellie.

Al grupo itinerante se unen en esta tercera aventura las zarigüeyas Crash y Eddie y la comadreja Buck, además de los dinosaurios que anuncia el subtítulo, que desvela ya de entrada el tema argumental ideado por un nutrido equipo de guionistas, con al menos cinco personalidades acreditadas. Es un esfuerzo al que se somete Blue Sky, al igual que el resto de compañías que tratan de imitar a Pixar, cuyas creaciones se basan en un desarrollo más en profundidad de los guiones, que no llega a ser igualado en ningún caso por sus directos competidores, más aún dentro de la cartelera estival.

No obstante, al César hay que darle lo que es del César, y es de justicia reconocer que Blue Sky se ha convertido con «Ice Age» en la heredera actual de maestros de la animación como Tex Avery o Chuck Jones, al basar su comicidad en el slapstick, que es la pura acción visual sin diálogos.

Las bellotas de Scrat

La clave de este éxito sigue residiendo en los divertidos movimientos protagonizados por la ardilla Scrat cada vez que se pelea con una bellota, representativa de su lucha contra los elementos por la supervivencia de su especie. Para que el constante desafío humorístico no acabe siendo un monólogo, sus creadores han tenido a bien buscarle una pareja llamada Scratte, la cual le dará nuevos quebraderos de cabeza, pues se trata de una hembra más inteligente que él.

En «Ice Age 3: El origen de los dinosaurios» adquiere coprotagonismo la comadreja Buck, que se ha vuelto loca habitando en el medio ambiente de los saurios, que se incorporan a la serie aprovechando las posibilidades espectaculares del sistema de proyección en 3-D, otro aliciente con el que no contaban las dos anteriores entregas.

Todas las películas de Blue Sky

Así como en Pixar tienen a John Lasseter como principal cabeza pensante, en Blue Sky ese honor se lo reparten el brasileño Carlos Saldanha y Chris Wedge, que son los dos máximos creadores del estudio. Fue el segundo el que ganó un Óscar en 1998 con el cortometraje «Bunny», que sirvió de espaldarazo a la productora de animación para lanzarse a la carrera del largometraje. Y la pareja codirigió la ópera prima «Ice Age» hace siete años, que les abrió de par en par las puertas del género, gracias al éxito de público alcanzado.

No faltó la inevitable continuación, dirigida en el año 2006 por Carlos Saldanha en solitario, aunque para la tercera actual entrega ha vuelto a la modalidad del tándem, pero esta vez ha trabajado junto a Mike Thurmeier. Aun así, Bluye Sky ha demostrado suficiente capacidad para encarar otros proyectos, aunque con unos resultados desiguales. «Horton», que recordaba a «Dumbo», funcionó mejor entre los más pequeños que «Robots», que se parecía a «Los Supersónicos» por su ambientación futurista.

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